DOLOR Y PÉRDIDA

Hoy, después de algún tiempo, vengo a abriros mi corazón de una forma que creo que nunca antes lo había hecho. Y no porque quiera hablar de esto necesariamente, sino porque creo que es necesario que se hable más de este tema sin tapujos y sin miedos.

Todo empezó en París.
Sin haberlo planeado con antelación y como quien dice “lo hacemos y ya vemos”, me quedé embarazada. No me mal interpretéis, no es que no quisiera quedarme embarazada o que no le diera importancia, es que acabábamos de medio decidirlo y nunca antes lo habíamos intentado y por supuesto no pensábamos que sería tan rápido. Pero sí, me quedé embarazada. En París.

Yo lo sabía desde el primer momento, no me preguntéis por qué o cómo, pero cuando empiezas a sentir cosas que nunca habías sentido, cuanto menos, sospechas.
Miqui no se podía creer que fuera real y mientras tanto yo seguía sintiendo que en mi cuerpo estaban pasando cosas raras; además tenía nauseas casi cada día y hasta llegué a vomitar… aun así, tuvimos que esperar el tiempo suficiente para hacer una prueba de embarazo y que resultara fiable.

El día llegó y con él la confirmación de saber si estaba embarazada o loca.
Y… estaba embarazada.
¡¡¡No nos lo podíamos creer!!! De golpe nuestras vidas iban a cambiar para siempre. La ilusión y la alegría se mezclaron con el miedo, la incertidumbre y la inseguridad. Pero empezábamos a asimilarlo.

Cuando te quedas embarazada, ir al baño puede ser el horror más espantoso (al menos así fue en mi caso). El miedo a encontrarme con una mancha roja estaba presente cada día en cada momento que necesitaba ir al baño, y claro, se juntaba con la necesidad casi constante de ir al baño (una vez empieza, no acaba hasta que das a luz, dicen, y a algunas nos empieza muy pronto) y no te queda más remedio que armarte de valor y confiar a la vez que te auto preparas para lo que pueda pasar.

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Y allí estaba yo, en el baño sentada mirando fijamente esa terrible y temida mancha roja, en mitad de la semana 5 de embarazo, cuando recién había confirmado mis sospechas y habíamos empezado a asimilar que nuestra vida no sería la misma a partir de ahora.
“No te preocupes pensaba yo—, seguro que no es nada”.
Intentaba convencerme, mientras que de mis ojos ya empezaban a brotar lágrimas. “Llama a Miqui y dile que venga cuanto antes a casa y os vais corriendo al hospital”. (Sí, hablo a menudo conmigo misma).
“No soy tan fuerte, no soy tan fuerte —le repetía, sin embargo, una y otra vez a Dios no me dejes pasar por esto porque no soy tan fuerte”.

No entraré en detalles de todo lo que pasó esa tarde que se alargó hasta las 3 de la madrugada, pero sí: habíamos sufrido una pérdida gestacional (interrupción involuntaria del embarazo) aunque los médicos no pudieron confirmarlo al 100%, “espera a ver qué pasa los siguientes días”, dijeron.

Y aquí es cuando os hablo de dolor.
De un dolor que engloba al ser humano en su totalidad, en este caso a la mujer.

Hablo de dolor físico, porque cuando algo así te pasa te desgarras por dentro, literalmente.
Los dolores ‘de regla’ que una mujer común pueda tener en sus ciclos cotidianos no tienen nada que ver con esto. Aunque te digan que “es como una regla”, tú sabes que no, que ese dolor no es normal, que esa sensación de que estás perdiendo una parte de ti, no es sólo emocional que también y mucho, es física.
Todo lo que había empezado a formarse dentro de ti (y no sólo me refiero al feto, hablo de la transformación física que sufre tu cuerpo al empezar a prepararse para lo que está por venir) se deshace y se desprende de ti…

Y ahí sigue el dolor que llega desde el primer momento, el dolor emocional.

Nada de lo que nadie pueda decirte te sirve. Nada te consuela.

Te sientes hasta mal porque quién eres tú para dolerte de algo así si no has tenido que vivir la incertidumbre de saber si eres capaz de estar embarazada o no (recordad que era la primera vez que lo intentábamos, las dudas de si alguno de los dos iba a tener problemas de fertilidad quedaron más que resueltas).
No has tenido que esperar un laaaargo tiempo. Eres una privilegiada, “si te has quedado ahora porqué no vas a quedarte la próxima vez”.
Conozco muchas mujeres (parejas) que llevan años luchando con esto y yo me había ‘saltado’ una gran parte del proceso (más común de lo que nadie imagina) de quedarse embarazada.

Cómo me iba a quejar…
Si además “apenas tienes 5 semanas de embarazo”.
Es verdad, lamentablemente he estado cerca de mujeres que han sufrido pérdidas mucho más avanzadas. No es lo mismo, no me atrevo ni por un momento a compararme y os prometo que pensé que no me afectaría tanto si se trataba de una pérdida pronta. Pero hay cosas que tienes que experimentarlas para ser consciente del dolor que suponen. Y el dolor estaba ahí.

“No es tan raro, le pasa a más gente de la que te imaginas”. En ese momento sólo estás tú y tu dolor. Te es imposible ponerte en la piel de otro, incluso llegas a acomplejarte porque crees que nunca saldrás de esta. Además, que sea común no es sinónimo de indoloro.
Es bueno saber que le pasa a más gente, pero por eso es necesario este post, porque es bueno saber que otras también sufren, lloran, se les cae el mundo encima…

Y ahora me dirijo a ti, que quizás hayas pasado o estés en esta situación.
No dejes que nadie ni nada, ni si quiera tú misma, valore el grado de dolor que estás sintiendo o que deberías sentir.
Si es proporcional o no al tiempo de gestación.
Si te ha costado menos o más quedarte embarazada.
Si te acababas de enterar o llevabas meses con la noticia y preparando toda tu vida para lo que estaba pasando.
Tanto si lo sufres más de lo que la sociedad supone, como si lo sufres menos.
El dolor es íntimo. El dolor es personal y nadie puede decirte cómo y cuánto debes sentir.

Ten paciencia con los tiempos y sobre todo con las personas que te rodean.
Todos, con la mejor de las intenciones sin duda, van a decirte cómo sentirte, qué hacer, cómo afrontar…
Algunos no sabrán qué decir, y no dirán nada; otros no sabrán qué hacer para acompañarte y está bien, no se lo tengas en cuenta. Otros dirán muchas cosas que pueden hacerte más daño, que quizá no son oportunas, pero estamos tan poco acostumbrados a hablar del dolor de una pérdida gestacional, que de verdad, la gente no sabe cómo reaccionar y muchos dicen frases hechas pensando que traen consuelo.

Por último me gustaría hablaros del dolor espiritual.
Esta parte es muy muy personal y hay que entenderla en su totalidad…

Como persona de fe, vivo mi vida intentando confiar en la voluntad de Dios y en su soberana sabiduría. No quiero decir que esto fuera la voluntad de Dios, pero de alguna forma sí creo que todo está bajo Su control aunque yo no pueda entenderlo, aceptarlo y/o soportarlo en esos momentos.

Déjame ponerte un poco en contexto.
Perdí a mi madre cuando era muy pequeña, y aunque es algo que está superadísimo, durante varios momentos de mi vida no voy a negar que he puesto en duda a Dios y a su voluntad.
“¿Por qué mi madre?”, “¿Por qué a mí?”, “¿Por qué…?”
Todo esto que te cuento hoy sucedió la semana del cumpleaños de mi madre, la misma semana que se celebra en España el día de la madre.

Cuando tus hormonas están sufriendo alteraciones tan grandes, tus emociones están tan disparadas y tu dolor físico está tan presente, sólo falta que encima se junten esos factores para que no entiendas absolutamente nada de lo que te está pasando; por qué a ti y por qué además en ese momento tan concreto…

“¿Por qué tuve que quedarme embarazada a la primera para perderlo en una fecha tan señalada para mi?” “¿Estás jugando conmigo Dios?”.

Estas y muchas más preguntas, dudas, enfados e incertidumbres pasaron por mi corazón aquellos días.
No quería saber nada de Dios. No quise dirigirle la palabra, ni siquiera buscar su consuelo, aunque Él me lo dio sin pedírselo, sin buscarlo, sin yo darme cuenta en esos momentos…
Estaba enfada y quería que lo supiera.
Yo creía que ya había sido suficiente tener que pasar por diferentes situaciones dolorosas en mi vida y que al pasar por esto, como decía más arriba, no iba a poder superarlo porque no soy tan fuerte (no lo soy, de verdad)…
Además, tener que vivir con la tristeza de saberme enfadada con Dios, pero no poder hacer nada para que se me pasara, era horrible. Sintiéndome en mi derecho, pero también sabiendo que Él no juega conmigo, que no quería verme así y que además estaba a mi lado, pasando conmigo esta situación, porque eso, por muy enfadada que estuviera, lo tenía clarísimo.

Han pasado ya varias semanas y, aunque sigo sin entender, sin encontrarle explicación, hoy puedo contaros esto sin lágrimas en los ojos (aunque tampoco pasaría nada si las tuviera, claro). También puedo ver todo con otros ojos y otra mentalidad y contar todas las bendiciones que me hacen sentir privilegiada a pesar de todo.

Aunque no sea la razón por la que he vivido esto, y quizá nunca la sabré, espero al menos que mi experiencia pueda ayudar, consolar o simplemente servirle a quien pueda estar experimentando algo parecido.
No te compares, cada experiencia es diferente, pero sí quiero que sepas que tu dolor importa, que tu dolor es normal, que no tienes que sentirte mal por sentirlo, que no tienes que sentirte mal por no sentirlo, que es normal que no entiendas las cosas, que te enfades con el mundo, con Dios, que te invadan los miedos, que te invadan la incertidumbre…

No sé si volveré a quedarme embarazada, o incluso si me puede volver a pasar si me quedo, pero esto es más común de lo que nos pensamos, y me da la sensación de que estas cosas salen a la luz solo cuando ya se han solucionado, cuando te has vuelto a quedar embarazada o cuando ya tienes a tu bebé en brazos.
Al final siempre se cuentan los éxitos, lo que sale adelante, las victorias… pero la vida también está llena de intentos, de fracasos, de pérdidas… y si no le damos voz, es más posible que te sientas miserable, desafortunada, fracasada cuando lleguen, porque llegan.

Puede que profundice en próximas publicaciones en algunos aspectos más concretos de esta experiencia que hemos vivido (porque sí, los hombres aunque en diferente forma y expresiones, también lo sufren), pero si tienes alguna pregunta, alguna duda o necesitas hablar, puedes escribirme por privado, por favor, no lo dudes. Si estás pasando por esto, probablemente no esté a la altura de tu sufrimiento, pero puedo acompañarte, en silencio, sin hacer ruido.

Mia

(Para las que estéis cerca de alguien que esté pasando algo así, os dejo a continuación unos links que acabo de encontrar sobre qué decir y qué no decir a una mujer que acaba de sufrir un aborto: Bebés y másEres mamáABCElla hoy)

13 comentarios

  1. Qué valiente eres por compartir esto!! Me alegro que hayas escrito este post ya que puedes ser de mucha ayuda a muchísimas mujeres que pasan por esto y se sienten totalmente incomprendidas en su dolor. Es importante poder hablar de ello y que todos veamos que es más habitual de lo que pensamos pero no por ello hay que restarle importancia. Me he sentido muy identificada con cada una de tus palabras Mia, también lo he pasado dos veces. Te mando un fuertísimo abrazo y pido consuelo de Dios para vosotros. Un besito muy fuerte.

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    • Judit 😍
      Me alegro mucho de que hayas podido leer este post ☺️
      Como has dicho, es súper importante que podamos hablar de esto con naturalidad y escuchar con empatía…
      Gracias por tus palabras y el cariño que me envías!
      Un abrazote 😘

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  2. Hola preciosa! Gracias por tu sensibilidad, sinceridad y valentía. Gracias por tu intención siempre de bendecir, de ser ayuda. Gracias porque pones voz a quienes sufren de injusticias, sufrimiento y hambruna y ahora, te atreves a hablar en primera persona. Como dices, el mundo quiere escuchar publicaciones positivas, de éxito, y muy poca gente está interesada en destapar su corazón y dejar a luz heridas, situaciones complejas o fracasos ( que TODOS llevamos a cuestas ). Os abrazo fuertemente a los dos y confío, que llegará el tiempo donde nos encontramos con nuestros retoños y compartamos alegrías ( alegrias y todo lo que venga). Te quiero

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    • Ana ☺️
      ¡Gracias por cada una de tus palabras siempre!
      Dios es quién me fortalece, de verdad. Nada de lo que hago o de lo que soy sería lo mismo si su gozo no me fortaleciera. Qué voy a decirte que no sepas…
      Gracias por todo.
      Te quiero mucho 😘

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  3. GRANDE ,gran relato y gran enseñanza,que no deja de emocionarme al ser alguien tan cercano.

    Estoy de acuerdo en que solo a veces se cuenta los logros pero nadie habla de las pérdidas y si se hace en ocasiones se juzga o malinterpreta.
    Gracias bonita por abrirte
    Te quiero
    Tu hermana😘

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  4. Ánimo Mia y Miqui!!! Es muy doloroso y además tabú. En mi caso, encima tuve que pasar por un legrado y fue muy desagradable. Yo también pensé que era demasiado para mí, aunque como bien dices pude sentir la compañía de mi padre celestial reconfortándome en cada momento.
    Amaros mucho! Se os quiere!

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  5. Muchas gracias por compartir, Mia. No lo sabía. Tienes toda la razón. No se pueden comparar las pérdidas ni los sufrimientos. Sufrir es sufrir y perder es una pérdida. “El corazón conoce sus íntimas amarguras, y ningún extraño se mezclará en su alegría”.
    -Proverbios 14:10 ¡Lo siento mucho! Pido al Señor que os dé consuelo y esperanza en medio del duelo. Un fuerte abrazo, Jill

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  6. La verdad que has expresado de manera muy personal e identificada la experiencia que viven muchas mujeres… y si MUCHAS!! Yo no entendía cuando el ginecólogo decía que esperara a la semana 12 para decir nada a la gente… porque hay un margen muy elevado de probabilidad de pérdida en esas semanas…

    Admiro la valentía que has tenido en abrirte y hablar de algo que a muchas nos cuesta contar, incluso pasando bastante tiempo…

    En mi caso superarlo… emocionalmente… fue un auténtico milagro… porque llevaba mucho tiempo deseando ser madre y al intentarlo y quedarme a la primera, como tú, fue la mayor ilusión que podía tener… pero a los días de sospechar que estaba embarazada me dio un dolor tan fuerte que no podía ni caminar… y al ir al ginecólogo y que te digan que aunque el test te diga que estás, que no ven el embrion… que desfilen varios ginecólogos y sus sospechas sean que el embrion no está en la matriz… que esa misma tarde te tengas que ir al hospital y que te van a pinchar para deshacer “eso” que tienes en la trompa… y que no puedes quedarte embarazada almenos durante medio año… demasiadas cosas que asimilar , toda esa ilusión se van en unas lagrimas que te corren por la cara mientras te pinchan algo que deshace eso que llevas dentro y que anhelabas con tanto deseo…

    Pero después de todo eso… algo por dentro me llenaba de paz y sabía que DIos tenia el control… pero la verdad que por dentro se rompen muchas cosas… y cada una lo vive de una manera única y personal como bien dices.

    Me alegro que hayas puesto acentos y comas a algo que muchas no somos capaces ni de expresar.

    Un abrazo muy fuerte Mia y gracias 😉

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    • Gracias Febe ☺️
      Y gracias también por contar tu experiencia.
      Es importante poder sacar estas cosas y además también poder normalizarlo y contar a otras para que vean que es normal que pase, que es normal que duele y que todo tiene su tiempo ☺️
      Un abrazote 😘

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  7. hola bonita! Gracias abrir tu corazón y expresarlo tan bien. Tras perder un segundo bebé me dije a mi misma que no podía ser, que no honro al completo a mi familia si no nombro a Olivia y a Garbancito-Lázaro en el pack familiar, aunque parezca una fricada y aunque nunca les haya conocido en la tierra ya existen en la realidad espiritual del reino de los cielos. yeah! Un amigo que tiene 5 hijos me contó un día que estaba llevando a su nena de 5 años en el coche cuando ésta le contó a la perfección una cena que tuvo con su mujer y algo que les pasó que nunca contaron. Algo que además ocurrió años antes de que esta nena naciese. Cuando mi amigo le preguntó que como sabía esto ella respondió: no sé papá, entonces yo sólo era una idea de Dios. Flipé tanto!!! Entendí que Dios nos usa para que esas ideas se hagan seres que luego viven con él!! Que el paso por la tierra hace falta para que esas ideas se concreticen… no sé, a mi me ayudó y me senti privilegiada de haber servido a que mis otros dos bebés estén ahora pegaditos a las faldas de su papá. Sabes Mía, no me cabe la menor duda de que tendrás uno, dos o tres bebés más porque Dios está empeñado en bendecirnos y tu cuerpo es perfecto (no te creas ni por asomo lo contrario). Así que te animo a no tener miedo, de verdad: no tengas miedo! Lo mejor está por venir.

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